Cada fin de gestión está plagada de manotazos de ahogado y esta no es la excepción. Sucedió en los noventas, con un Fujimori convertido en héroe circense y caradura que perseguía a Vladimiro Montesinos desde mototaxis, combis y camionetas cuatro por cuatro, por el norte del país. Y ocurre ahora, con un estallido de inauguraciones de obras a diestra y a siniestra que pretenden aumentar el porcentaje de aceptación de nuestro actual presidente. No importa si esas apresuradas celebraciones le costarán millones al Perú, tampoco, si la deuda interna ha engordado olímpicamente en los últimos meses. Lo único que parece interesarle a Alan García es su regreso al sillón de Pizarro en el 2016. Es decir, limpiar en dos semanas, lo que se embarró durante cinco años.
De este modo, mientras la alcaldesa de Villa María del Triunfo, Silvia Barrera, amenaza con clausurar el Tren eléctrico por no cumplir con las medidas de seguridad requeridas para este tipo de transporte, el señor García se esfuerza por mostrar su mejor sonrisa, calificar a sus opositores como ‘anticristos’, y buscar salvación en datos macroeconómicos que nunca llegaron a los bolsillos de ese Perú pujante que fue arbitrariamente olvidado por esta agonizante gestión. Todo esto, en medio de un cargamontón de transgénicos ingresando por la puerta grande a nuestro país.
Entre tanto, una encuesta medida por la PUCP señala que el nivel de rechazo al gobierno de Alan García es el 62%, y las probabilidades de que esos resultados se reviertan parecen ser una de un millón. Quizá García debió darle un repaso a la historia y comprender que una avalancha de obras semi terminadas no es la estrategia correcta para ganarse una visa a la reelección. No le funcionó a Toledo ni a Castañeda, y no sucederá lo contrario con su mandato. Mucho menos, si en su repertorio ha demostrado su escaza lucidez, ingenio y humanidad para prevenir, manejar y solucionar conflictos sociales como los ocurridos en Bagua, en Islay y en Puno. ¿O acaso, llamar ‘ciudadanos de quinta categoría’ a aguarunas y aymaras, es sinónimo de calidad política? ¿Y qué hay de la imperdonable muerte de más de 300 peruanos que se enfrentaron entre sí, bajo órdenes de su ministerio del interior?
Paralelamente, el Apra y Fuerza 2011 siguen susurrando la probabilidad de un indulto por razones humanitarias, a uno de los genocidas más grandes de la historia nacional. Una vez más, la Corte Internacional de los Derechos Humanos es escondida bajo la alfombra y las alianzas políticas vuelven a protagonizar otro vergonzoso episodio nacional. Toledo, en un rayo de brillantez, no pudo decirlo mejor: Si Alan García, indulta a Fujimori, se convertiría en un cadáver político. Empero, parece que a nuestro presidente no le quedó muy claro.
Es así como, dado que la candidata preferida de García no será su predecesora, el burgomaestre ha decidido dejar las cifras en rojo para el próximo presidente. Además de una gigantesca deuda a los fonavistas y pensionistas, Ollanta Humala deberá enfrentarse con un reducido presupuesto en saneamiento que ya fue liquidado por García en los últimos días: más de mil millones de soles han sido transferidos a los gobiernos regionales y locales, incluso cuando una medida de esa característica suele realizarse en el mes de setiembre o octubre. Por otro lado, el vitoreado tren eléctrico se quedará sin energía en diciembre, y solo contará con tres trenes para toda Lima hasta el 2013.
En este contexto, es probable que ni siquiera Dos Santos, se atreva a vaticinar una posible vuelta de Alan García al sillón de Pizarro. Por ahora solo queda desear que el próximo presidente no cometa los mismos errores que le han regalado a García una posible jubilación política.